27 Ene Power Glove: cómo impulsó la realidad virtual y los controles por movimiento
Hablar del Power Glove es recordar uno de los experimentos más ambiciosos y fallidos de la historia de los videojuegos. Su lanzamiento en 1989 prometía un cambio radical en la forma de jugar, permitiendo controlar títulos de la NES con simples gestos de la mano. Sin embargo, el Power Glove, lejos de cumplir las expectativas técnicas, terminó siendo recordado más por su legado cultural y tecnológico que por su utilidad real. Paradójicamente, su fracaso allanó el camino para el futuro de la realidad virtual y los controles por movimiento en la industria.

En plena fiebre de la innovación ochentera, el Power Glove apareció como el primer periférico masivo que apostaba por el control corporal en los videojuegos. En vez de limitarse a crucetas y botones, la propuesta era usar la mano para golpear, girar o interactuar con el entorno virtual. Aunque hoy relacionamos a Nintendo con el guante, el proyecto fue ideado y desarrollado por Abrams/Gentile Entertainment y fabricado por Mattel en Estados Unidos (y PAX en Japón). Nintendo se sumó tras una presentación clave, viendo el potencial revolucionario del dispositivo.

El guante utilizaba sensores de fibra óptica para detectar el movimiento de los dedos y emisores de ultrasonido para ubicar la posición de la mano. Era, en esencia, el sueño de la realidad virtual mucho antes de que la tecnología estuviera lista para hacerlo realidad. La idea era visionaria, pero la implementación se topó con varios obstáculos técnicos y prácticos:
- Imprecisión extrema: El sistema requería instalar tres receptores alrededor de la televisión. Cualquier obstáculo, incluso un leve movimiento, hacía que el control perdiera precisión, volviendo la experiencia frustrante.
- Dificultad de configuración: Para cada juego, era necesario ingresar códigos complejos en un panel numérico situado en el propio guante, lo que resultaba poco intuitivo y tedioso.
- Fatiga física: Jugar largos periodos con el brazo extendido causaba agotamiento, un problema conocido como “efecto brazo de gorila”.
- Escasez de juegos compatibles: Solo dos títulos fueron diseñados específicamente para el Power Glove (Bad Street Brawler y Super Glove Ball). En los demás, el guante funcionaba como un control incómodo y poco efectivo.
A pesar de todo, la combinación de marketing agresivo y la promesa de una experiencia futurista lograron que el Power Glove fuera un éxito comercial breve, convirtiéndose rápidamente en objeto de culto.

El Power Glove se ganó un lugar en la cultura pop, especialmente tras su aparición en la película “The Wizard” (El Campeón del Videojuego) en 1989. La frase “I love the Power Glove. It’s so bad” se volvió emblemática, jugando con la ambigüedad entre lo “genial” y lo “malo” del dispositivo. Con el paso de los años, el guante dejó de ser motivo de burla para convertirse en pieza de colección y símbolo de una era en la que la tecnología prometía cambiarlo todo, aunque no siempre estuviera lista para hacerlo.

Aunque su uso fue limitado y su desempeño decepcionante, el Power Glove dejó una huella profunda. Si bien no logró imponer el control por movimiento en su momento, sentó las bases conceptuales para lo que años después Nintendo lograría con el Wii Remote. La idea de jugar con el cuerpo y no solo con los pulgares evolucionó hasta convertirse en uno de los pilares de la industria, influyendo tanto en la realidad virtual como en las consolas modernas.

Hoy, la realidad virtual y los controles por movimiento forman parte integral de la experiencia en videojuegos. Accesorios como Oculus Touch, PlayStation Move o los mandos de Nintendo Switch deben parte de su existencia a aquella arriesgada apuesta de los 80. En el caso de Nintendo, el fracaso del Power Glove anticipó una revolución en la forma de jugar, marcando el inicio de la era de los controles gestuales y la realidad virtual que hoy dan forma al futuro del entretenimiento digital.








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